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2 May , 2018  

Liga Euskal Herria Sénior Masculina

Vuelta Play-off 5º/8º: CD Larraina (11) – CW Donostia (7)

2 – 1 | 6 – 2 | 3 – 2 | 0 – 2

Javier Zulaica, Asier de Santos (2), Iñigo Mate, Jon A. Villaverde (1), Daniel Zulaica (2), Nahuel Gutiérrez, Asier Zabaleta, Ander Iñarra (1), Xabier González, Iñigo Antin, Iñaki Fdez. de Gorostiza (1), Julen Pazos, Xabier Aranzábal.

Superioridades: 2/5
Inferioridades: 1/1
Penaltis a favor: 0/0
Penaltis en contra: 0/0

El domingo, el equipo sénior masculino viajó a Pamplona para medirse al combinado de CD Larraina en lo que era vuelta de la primera eliminatoria de los play-off de la Liga Euskal Herria de Primera División Masculina. Después del resultado del encuentro de ida, conseguimos quince goles de rédito, poca historia tenía el duelo. Sin embargo los locales, no esperábamos menos, salieron fuerte (necesitaban ganar de de dieciséis tantos para pasar a la siguiente ronda). Nosotros, consientes de este hecho, buscamos jugar con tranquilidad y controlar el partido. Por desgracia, no fue posible. Lo repetimos una y otra vez, pero nuestras palabras caen siempre en saco roto. Si estás dirigiendo un partido y ves que, por el motivo que sea, en cada acción empieza a haber un amago de pelea, tienes que cortar de inmediato. No se puede observar impasible desde la banda como la intensidad da paso a la agresividad. ¿Cuatro expulsiones entre ambos equipos entre los tres primeros tiempos? ¿De verdad? No es de recibo. Es inadmisible. Consecuencia, al igual que pasara en la ida, el partido terminó mal. Esta vez, los expulsados fueron dos jugadores pamploneses. Ambos con tarjeta roja por sendos codazos por fuera del agua (¿Eso no es brutalidad?). Con esta forma de entender el corporativismo dan ganas de no volver a ciertas piscinas. Ni siquiera vamos a entrar en que si esa jugada es expulsión, si esa otra falta ordinaria y aquella penalti. Sólo pedimos que se corten y se castiguen las agresiones, sean de quien sean. Si fuera la primera vez, se podría llegar a entender (con dificultad, pero se intentaría). Pero es que el año pasado ocurrió exactamente lo mismo. Con nada en juego, un jugador local propinó un puñetazo por fuera del agua a un metro del árbitro. Lo mejor, que éste se fue automáticamente hacia la zona de expulsión, porque sabía perfectamente lo que había hecho, y ninguno de los dos árbitros pito nada. Dejaron seguir el juego. Para redondear lo surrealista de la situación, al terminar el encuentro dicho jugador se va a pedir explicaciones a los auxiliares de mesa y a los árbitros (justificando su acción), que, sorprendentemente, escuchan en silencio sin replicar. Sin abrir anexo a pesar del reconocimiento implícito de la agresión. Ver para creer. Se ha comentado en más de una ocasión, la solución es tremendamente sencilla. Al igual que acuden a Vitoria árbitros de San Sebastián, alaveses a Bilbao y bilbaínos a guipuzcoa, ya es hora de que ocurra lo mismo con los navarros. ¿Qué problema hay en que un árbitro bilbaíno pite en Pamplona y que un pamplonés pite en Álava? ¿Los kilómetros? Hasta Burgos, depende desde donde se salga, hay 200. ¿Diferentes federaciones? ¿Somos Liga Euskal Herria de verdad o sólo en el nombre? De verdad, es necesario. Se acabará con cualquier tipo de suspicacia de cualquier equipo y los árbitros podrán hacer mejor su trabajo. En definitiva, la competición lo agradecerá. ¡Ayudémonos! Enhorabuena por el esfuerzo y a seguir entrenando duro para mejorar.


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