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Paralizados

12 Dic , 2016  

Liga Euskal Herria Sénior Masculina

Jornada 10: CW Donostia (3) – Leioa WLB (7)

0 – 1 | 0 – 1 | 2 – 4 | 1 – 1

Jon Aranburu (1), Asier de Santos (1), Asier Zabaleta, Javier Zulaica (1), Daniel Zulaica (1), Nahuel Gutiérrez, Aitor Zabaleta, Ander Iñarra, Xabier González (1), Asier Agrelo (1), Iñaki Fedz. de Gorostiza (2), Oier Mujica, Kaixpar Orlando.

Superioridades: 1/7
Inferioridades: 3/5
Penaltis a favor: 0/0
Penaltis en contra: 0/0

El pasado sábado, el equipo sénior masculino disputó ante el Leioa WLB en las Piscinas Paco Yoldi la penúltima jornada de la primera vuelta de la Liga Euskal Herria de Primera División Masculina. Fue, sin lugar a dudas, un encuentro decepcionante. No por el resultado, en la lógica del deporte la derrota está tan presente como la victoria, si no por cómo se desarrolló el choque. Desde el primer minuto (incluso antes de comenzar) se vio que no estábamos cómodos. Parece que el hecho de jugar ante un rival directo por evitar el descenso fue demasiado para nosotros. Como dijo Ortega y Gasset: “yo soy yo y mis circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo” (Meditaciones del Quijote, 1914). Por desgracia, no fuimos capaces de sobreponernos a lo que, en este duelo en concreto, nos circundaba. El choque comenzó con un tanteo por parte de ambas escuadras. Nadie quería cometer el primer error. En esas, un desajuste defensivo proporcionaba a los visitantes una expulsión que no desaprovecharon. Nada que debiera preocuparnos. Es normal que a uno le piten expulsiones y que, algunas de ellas, sean transformadas por el rival. El verdadero problema era la inoperancia ofensiva. No éramos capaces de generar ocasiones con asiduidad. De hecho, en todo el primer cuarto, lanzamos una vez en igualdad (no fue entre los tres palos) y otra en superioridad. Cierto es que hemos demostrado a lo largo del campeonato que estamos más cómodos defendiendo que atacando, pero es poco producto incluso para nosotros. En el segundo periodo, más de lo mismo. Nada de nada el ataque, no había forma de hilvanar tres pases con sentido, y, si bien el rival no creaba apenas peligro, otro pequeño despiste les posibilitaba volver a perforar nuestra red. En resumen, llegamos al ecuador del duelo con un sorprendente 0 – 2. Sorprendente no por ir perdiendo por dos tantos, si no por lo que reflejaba (ineficacia al cuadrado en el apartado ofensivo). Para colmo de males, en el tercer cuarto, lo peor que podía pasar (desajustarnos en defensa), pasó. Recibimos más goles en este tiempo (4) que en el resto del partido (3). Los más preocupantes, los dos que encajamos después de jugar sendas superioridades numéricas. Aquí es donde, definitivamente, el miedo que nos había agarrotado durante todo el encuentro terminó por paralizarnos completamente. Vernos cuatro tantos por debajo nos dejó, literalmente, helados. Nadie, cuerpo técnico incluido (sólo se utilizó la opción del tiempo muerto en la primer cuarto), supo reaccionar ante esta situación adversa. El último periodo fue una lenta agonía donde perdimos todo rigor táctico, fiando nuestra suerte a acciones individuales. ¿Qué conclusiones podemos sacar? La primera, muy concreta. Seguimos negados en las superioridades numéricas. Una vez más, no estuvimos acertados (14%). No obstante, lo que preocupa, más allá de los bajos porcentajes que solemos tener, es que parece que no somos capaces de crear una buena situación de tiro (amén de alguna que otra mala selección de lanzamiento). La segunda, mucho más general. No podemos, bajo ningún concepto, dejar que los rivales nos impongan su ritmo de juego. Ni cuando es superior al nuestro, ni, mucho menos, cuando está por debajo. Hay que mentalizarse que entrenamos para dominar, para llevar las riendas de los partidos y plasmar nuestro estilo en cada duelo. Por supuesto, lo podremos conseguir o no, pero jamás podemos dejar de intentarlo. Para lograr esta meta, es imprescindible ejecutar, siempre (sin excepción), el plan establecido. Máxime si, por el motivo que sea, vienen mal dadas. Es decir, en vez de abandonar y buscar nuevas interpretaciones, confiar con más fuerza en lo que todos sabemos hacer. Al fin y al cabo, es lo único que hemos entrenado. En definitiva, nada de desanimarse. Enhorabuena por el esfuerzo, nadie niega que se intentó (aunque no saliera casi nada) y a seguir trabajando duro día a día para mejorar.


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